Mensaje Pastoral de S.E.R. Monseñor Siluan por el cierre de la colecta a favor de los sirios damnificados y por la conmemoración de los fundadores del patriarcado de Antioquía San Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo

Un testimonio de fe y de solidaridad
“…gozándose en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración,contribuyendo para las necesidades de los santos” (Rom 11:12-13)


Queridos y estimados hijos en nuestro Señor,Clero y fieles de nuestra querida Iglesia en Argentina,
Todos nosotros aprendemos en la vida lecciones que nos sorprenden. Con motivo de laconmemoración de los fundadores de nuestro Patriarcado, San Pedro y San Pablo, quierocompartir este testimonio relativo al tema de la situación humanitaria en Siria y la colecta afavor de los damnificados sirios que nuestra Iglesia llevó a cabo en Argentina.
Tengo que confesar que no sabía qué hacer cuando recibí la carta de nuestro Patriarcaen la que él solicitaba nuestro apoyo económico a fin de palear la situación humanitaria queenfrentaban muchos sirios y en la cual el Patriarcado ejercía el rol del buen samaritano.
Pensando en nuestra situación en Argentina, nos encontramos entre dos necesidades:la nuestra y la del Patriarcado, ambas de suma prioridad. Mientras tanto, se presentó unanueva situación, las de familias sirias y egipcias que llegaban a Buenos Aires para instalarseaquí, y que, a su vez, necesitaban también de nuestro apoyo.
Los primeros quienes dieron una luz decisiva sobre el tema de la colecta fueron lossacerdotes en la reunión del clero en Córdoba, basándose en tres aspectos importantes:hay gente que quiere ayudar y aportar; muchos creen que nuestro Patriarcado hademostrado que no hace distinciones entre los necesitados, y confían que nuestra Iglesiahará llegar todo lo recaudado a los necesitados.
Es así que el Viernes Santo se leyó en nuestras Iglesias la carta pastoral donde seanunciaba la colecta a favor de los sirios damnificados. Desde entonces se multiplicaron,según las provincias, señales de solidaridad, simbólicos, pero importantes y significativos.
En las parroquias no faltaban ni celo ni ganas para realizar eventos destinados parala colecta. Tanto en la organización de Té o Cenas, como en la venta de bonos decontribución, la colecta salió de su ámbito parroquial para ser una expresión de solidaridadmuy preciosa: aportaron descendientes tanto de sirios como de libaneses, pero tambiénargentinos; aportaron musulmanes y cristianos; colaboraron instituciones de la colectividad,pero también Iglesias protestantes y romanas, en especial la Iglesia Maronita.
Ese testimonio conmueve por su expresión solidaria que unió y reunió a todos bajo labandera del buen samaritano. Eso en sí es un gran mensaje de esperanza para nosotros enArgentina: poder dar juntos un mismo testimonio; discernir el bien y colaborar en ello; dejarde ser críticos e indiferentes y poner la mano en el arado junto a los demás; confiar en que
poniendo nuestra buena voluntad es posible hacer milagros.
Es cierto que lo recaudado de la colecta es simbólico, pero tendrá el mejor sentidopara los que lo recibirán. Además, ayudará al buen samaritano en seguir realizando sumisión humanitaria. Es loable destacar que muchas iglesias, organizaciones e institucioneslocales e internacionales, cristianas y musulmanas, han depositado su confianza en nuestroPatriarcado en el tema de conferir la ayuda a los necesitados, por haber demostradoeficiencia y organización, además de tener una larga experiencia en manejar situacionessimilares tal como lo sucedido en la recepción de más de un millón de refugiados iraquíesen Siria.
Todo ello tiene una faz humana, pero también tiene un sentido que trasciende la fronterade lo humano. Por una parte, somos responsables de nuestro destino y de la manera derealizar nuestra vida; depende de nosotros construir una sociedad donde los hombresconviven en paz, y aportar nuestro grano de arena a este proyecto. Y por otra parte, comoIglesia y miembros de ella, hemos de ofrecer otro testimonio: el de ser “sal de la tierra”(Mt 5:13) y dar “sabor” a la vida (Mc 9:49-50). Pues, no se trata sólo de un testimonio desolidaridad humana, - eso es lo menos que debemos hacer -, sino de un testimonio de feen el Señor, testimonio de “mártires”, en el sentido literal y también metafórico, al igual deltestimonio del cual somos herederos: “…y los discípulos fueron llamados cristianos porprimera vez en Antioquía”, quienes, además de aportar la luz de la fe cristiana al mundo,fueron los primeros en ayudar a los “santos en Jerusalén” en peligro de “una gran hambre”(Hechos 11:26; 27-30).
En ese período en que celebramos la memoria de los fundadores de nuestroPatriarcado, San Pedro y San Pablo, saludamos a los “mártires”, tanto a quienes repartenla ayuda por su valentía y benevolencia, como a quienes la necesitan y la reciben por supaciencia y esperanza. Nos sentimos honrados y bendecidos por la buena voluntad que semanifestó en Argentina, y también por el testimonio de ser “sal de la tierra” que se vive enSiria.
En nombre de todos, agradecemos a nuestro Patriarca, Su Beatitud Ignacio IV, porhabernos dado la posibilidad de contribuir simbólicamente en los esfuerzos sobrehumanosque se llevan a cabo, meditando en la exhortación de San Pablo: “…El amor sea sin
hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno. Sean afectuosos unos con otroscon amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros. No sean perezosos enlo que requiere diligencia. Sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor, gozándose en laesperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración, contribuyendo para lasnecesidades de los santos, practicando la hospitalidad…” (Rom 11:9-13). Amén.

+ Metropolita Siluan
Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina