Los tres aspectos del mensaje angelical

"Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz y buena voluntad para los hombres"

Este increíble himno fue cantado por los ángeles el día de la Navidad de nuestro Señor en Belén. Se sorprendieron ante el inmenso plan de Dios de habitar entre los hombres de esa manera. El canto fue un modo de recibir esta buena nueva y este hecho, un humilde recibimiento a Aquel que eligió venir y vivir humildemente con nosotros.

El himno fue dirigido a los pastores que, al escuchar el mensaje, se apresuraron por encontrar a María, a José y al niño recién nacido. Fue éste himno lo que los motivó a llamarse los unos a los otros, a ir hasta el pesebre y, de allí, a proclamar lo que habían visto y oído. Por eso, meditando este himno angélico, descubrimos tres aspectos de su mensaje:

"Gloria a Dios en las alturas": la glorificación es la oración más excelsa que una criatura puede dirigir a Su Creador. La misma expresa nuestra gratitud a Dios por crearnos y concedernos Su Gracia en cada simple momento de nuestras vidas. Los ángeles nos llaman a que nosotros también ofrezcamos nuestras acciones de gracias. La Divina Liturgia, "el Sacramento de la Acción de Gracias" como es llamada, es precisamente la comprensión y la materialización que la Iglesia hace de éste himno. ¿Cuán mejor podríamos alabar y glorificar a Dios si no fuera por medio de aceptar Su invitación a participar de La Cena que Él nos ha preparado para alabarlo por tan grande amor?

"En la tierra Paz": La Encarnación es la sublime "buena nueva". La Natividad de nuestro Señor trae y establece paz en la tierra. La paz es el signo del reino de Dios. Nuestro Señor es el Rey de la paz habitando entre nosotros. Habiendo perdido la paz con nosotros mismos, con nuestros prójimos y con Dios, Jesús trajo Su paz la que nadie puede quitarnos y sanó todos los corazones, las conciencias y las relaciones destruidas. Esta paz nos es dada una y otra vez en la Liturgia, "la paz sea con vosotros" como nos dice el sacerdote, y también cuando necesitamos alivio para nuestros corazones, conciencias y relaciones rotas, la conseguimos por medio del arrepentimiento, del perdón y de mucho amor. ¿Quién no necesita de este amor? Seguramente que todos lo necesitamos. En la Iglesia podemos vivirlo, adquirirlo y contagiarlo a los demás.

"Buena voluntad para los hombres": ahora, una nueva era comienza, no somos más esclavos, sino libres; no estamos en oscuridad sino en la luz; no más abandonados, sino salvos. Todas las riquezas de Dios le han sido concedidas al hombre. Éste responde mostrando y probando su buena voluntad. La buena voluntad de Dios y la buena voluntad del hombre pueden ir de la mano. Deberíamos reflexionar sobre el impacto de dicha sinergia en nuestras vidas. Si la luz ha brillado en nuestros corazones, debería resplandecer en todo lugar. Si la esperanza ha crecido en nuestros corazones, debería mantener y sostener nuestra comunidad y nuestra comunión.

Este himno angelical es tan concreto, tan profundo, y tan celestial que ingresa a nuestro ser y se hace nuestra propia oración, alabanza y entendimiento. ¿Necesitamos otra vez ángeles para proclamar este hecho, esta verdad y esta buena nueva? No, nosotros proclamaremos de ahora en más el plan, la generosidad y el amor de Dios para con nosotros. Seremos sus misioneros, especialmente aquí en nuestra querida Iglesia en Argentina.

Esta buena nueva, la Natividad de Cristo, nos exhorta a mostrar nuestra buena voluntad, nuestro buen corazón, nuestras manos trabajando por la paz, por la oración y la solidaridad. Podemos concretar este himno angélico en nuestros corazones y en nuestras vidas, en casa y en la iglesia. No debemos perder esta oportunidad, de otra manera nuestra celebración no se llevará a cabo en la gruta de Belén sino en Jerusalén que no recibió la buena nueva como debería haberla recibido.

Que el Señor Encarnado haga brillar la Luz de la Verdad, del Perdón y del Amor en vuestros corazones. Amén.

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci