La Ascensión de Cristo en el cuerpo

La Ascensión del Señor (Lucas 24, 36-53)

 “Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo,

volverá así tal como Le habéis visto marchar al cielo” (Hechos 1, 11)

Numerosos son los que contemplaron la ascensión del Salvador a los cielos (Hechos 1, 14; 22). Mas, el rol de la presencia de los Ángeles es explicar el acontecimiento de la ascensión y trasmitir el mensaje, de que la ascensión de Cristo a los cielos indica su segunda venida: “Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo, volverá así tal como Le habéis visto marchar al cielo” (Hechos 1, 11). Aunque Lucas describe el suceso de la ascensión, pero el momento de la entrada de Cristo a los Cielos quedó oculto para los testigos oculares, así como también el momento de su salida del sepulcro quedó oculto para los testigos oculares, como los guardias, los apóstoles y las mujeres portadoras del bálsamo.

Con la ascensión se encuentran el cielo y la tierra. Cristo asciende al cielo la naturaleza humana que ha adquirido por la encarnación, que ahora había sido totalmente glorificada, “y con Él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Efesios 2, 6). A la resurrección del cuerpo del sepulcro le siguió la ascensión del cuerpo al cielo; la misión por la cual Dios envió a su propio Hijo había sido concluida con su ascensión. Su glorificada naturaleza humana, su cuerpo glorificado, ya son más transparentes para nosotros. Se nos había sido abierta una puerta nueva: “y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Efesios 2, 6).

Pero, el sentarse a la Diestra de Dios, lo explica el beato Agustín al decir: “No entendamos Su sentar con la significación de sentar sus miembros corporales como si el Padre está a la izquierda y el Hijo a la derecha, sino entendamos la derecha con el concepto del señorío que Él aceptó del Padre siendo Hombre representando a la humanidad, para que viniera y juzgara; Él ha venido primeramente para ser condenado. Mas la aparición de los dos ángeles vestidos de blanco no es sino para dirigir la vista de los presentes hacia la última venida de Cristo. Hablaron con ellos como si Su venida se realizará dentro de un día o pocos días, pero la preocupación verdadera de los ángeles ha sido su encuentro con su Señor y no en cuanto al tiempo de este encuentro. Ellos querían que el corazón de la Iglesia arda anhelando la venida de su Novio, como si viniera en instantes. Y según lo dicho por el Apóstol: ‘Es la última hora’ (I Juan 2, 18)”.

La ascensión y el descenso no indican una realidad geográfica en la cual Cristo se mueve, sino una realidad mística, pues Dios está presente en todo lugar. La ascensión no está relacionada con la naturaleza divina de Cristo, sino con la humana. Éste cuerpo Suyo se sienta en lo alto a la diestra del Padre. Por lo tanto la Iglesia canta: “Por el cuerpo, Tú habías estado en el sepulcro; por el alma en el infierno; en el Paraíso con el ladrón; y sobre el trono junto al Padre y al Espíritu; Tú que eres incontenible, Oh Cristo”.

Con la ascensión del Salvador a los cielos se manifestó claramente la voluntad del Padre en relación con la naturaleza humana: La naturaleza humana había sido creada para que viviera eternamente arriba en los cielos, a la diestra del Padre (Cf. Efesios 2, 6; Colosenses 3, 1-2). De este modo, el Salvador manifestó la grandeza de su amor al hombre, que no es sino la realización de la unión de la naturaleza humana con Dios. El cuerpo de Cristo que ha sido glorificado por la victoria sobre la muerte es él que ascendió a los cielos para permanecer eternamente, por su unión con el Hijo, en la gloria divina. Es una gloria que jamás fue conocida por hombre alguno y tampoco por ángeles. Con su ascensión, no “solamente entró Cristo a los cielos” (Hebreos 9, 24), más bien “penetró los cielos” (Hebreos 4, 14) y “subió por encima de todos los cielos” (Efesios 4, 10) y “se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16, 19;Hechos 7, 55).

Pero la promesa que el Salvador pronunció para con sus discípulos a la hora de la ascensión, y de ellos para con la Iglesia, que estará con ellos “todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20), Él había logrado cumplirla, la cumplió y la cumplirá, ya que está permanentemente a la diestra del Padre donde “intercede por nosotros” (Romanos8, 34). Aunque se separó, por el cuerpo, de sus discípulos, el Salvador está siempre presente con ellos por su divinidad, según lo que explica San Gregorio Palamás.

La ascensión constituye el acontecimiento que separa entre la presencia visible de Cristo y el inicio de su presencia invisible. Después de la ascensión, Cristo ya no está presente ante los apóstoles, pero sí en su interior. ¿Acaso Él no ha dicho: “El reino de Dios está dentro de vosotros” (Lucas 17, 21)? Él está presente en cada presencia del Espíritu Santo, así como en la eucaristía. Pues Dios había llevado un cuerpo para que el hombre devenga portador del Espíritu (Santo), como nota san Atanasio el grande. Y con esto llega nuestra esperanza a su plenitud. Amén.

+Metropolita Siluan

 

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci