Judas y Jesús en los medios de información

Crónica de una campaña anunciada

Las acusaciones en contra de la Biblia se han ido incrementando. Pero quien la haya estudiado científicamente sabe muy bien que es imposible considerarla un libro que falte a la verdad, o que lleve a la confusión. Muy por el contrario, es algo genuino y auténtico, que se dirige a toda la humanidad, y que llama a contemplar las buenas cosas que Dios puso en el corazón de los hombres y en toda la creación.

A lo largo de este año, la sociedad National Geographic ha lanzado una gran campaña mediática y comercial acerca de lo que se dio en llamar el Evangelio de Judas. Las estrategias de marketing moderno ya nos han acostumbrado a una presentación inflada de los productos en oferta y la campaña de la National Geographic demuestra una intención sensacionalista en su sitio de internet para la Argentina donde se puede leer en una animación con letras grandes: “En la Biblia hay 4 Evangelios... En todos Judas es un traidor... Pero ¿si existiera otro evangelio?... El Evangelio prohibido de Judas... ¿Crees que este evangelio puede cambiar la historia de la religión?”

Evidentemente, los editores de estos “productos mediáticos” presuponen a un lector poco competente y apuestan por el efecto de desconcierto que producen los planteos osados acerca de las cuestiones de fe. Por cierto, no es ningún secreto que en la antigüedad se escribieron decenas de obras literarias con el título de “evangelio”. Las comunidades gnósticas de Egipto, a las que pertenece este libro, han elaborado un número importante de “evangelios” conocidos por todos desde hace más de 50 años gracias al descubrimiento, en 1947, de la biblioteca de Nag Hammadi, como así también existen varias colecciones de “evangelios” escritos en otras zonas del Imperio Romano y cuyas traducciones críticas al castellano se publicaron hace décadas. Además, técnicamente hablando, el Evangelio de Judas no se presenta a sí mismo con ese título sino como “Crónica secreta de la revelación hecha por Jesús en conversación con Judas Iscariote”. Los dos términos, crónica y revelación nos sitúan más precisamente en el ámbito del género literario apocalíptico y no en el de un evangelio. Más aún, el contenido del manuscrito refleja un estilo y en trasfondo apocalípticos. Según John J. Collins, un especialista en literatura apocalíptica, la mención de misterios incomprendidos por la mayoría de la gente sumados a la intervención de un mediador y a la revelación de secretos por parte de un mensajero celestial son elementos decisivos que indican la pertenencia de un escrito a la gran familia de la literatura apocalíptica. El término Evangelio ni siquiera figura en el texto y sólo aparece en el colofón del manuscrito, es decir como un agregado posterior en la última página. Más aún los Evangelios, por definición deben contener no sólo dichos de Jesús sino también sus hechos y milagros. Pero por sobre todas las cosas, un evangelio debe contener el relato de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. El Evangelio de Judas carece de la mayoría de estos elementos. Por lo tanto, la obra en cuestión no sólo no puede ser técnicamente considerada un evangelio sino que además al tener como personaje central a Judas Iscariote y en un papel complementario a Jesucristo la posibilidad de considerarla un evangelio es prácticamente nula. Pero, como ya todos sabemos, el título “Evangelio de Judas” resulta mucho más atractivo para el gran público que un simple “Crónica de Judas” o “La revelación de Judas”, por lo que hemos llegado a tener un “evangelio” más.

El Códice Tchachos dedica 25 de sus 66 páginas a la única copia del “Evangelio de Judas” que conocemos hasta la actualidad y que fue encontrada en una gruta cercana a la ciudad de El-Minya (Egipto) en los años setenta del siglo pasado. A través de las pruebas del Carbono 14 pudieron ubicar el manuscrito en el período que va de la segunda mitad del siglo tres hasta la primera mitad del siglo cuatro después de Cristo.

El Códice Tchachos contiene otros tres textos que ya habían sido descubiertos en Nag Hammadi. Todos los escritos coptos relacionados con Jesús y descubiertos en la modernidad pertenecen a las comunidades gnósticas que eran particularmente importantes en el Antiguo Egipto. El término gnóstico proviene del griego gnosis, que significa conocimiento y los críticos modernos lo emplean para referirse a un cierto tipo de movimiento religioso de la época. Los gnósticos creían en la existencia de una fuente superior de la bondad que podía ser llamada la Mente Divina o simplemente El Uno. Cada ser humano lleva consigo una chispa de esta divinidad pero el mundo material le imposibilita reconocerla. Todas las cosas en relación con la materia, tales como el cuerpo, el matrimonio y las relaciones sexuales, son intrínsecamente malas.

Una de las mayores diferencias entre el cristianismo y el gnosticismo radica en la doctrina del origen del mal en el mundo. Los cristianos creen que Dios es bueno y que creó un mundo bueno. El hombre ha abusado de la libertad otorgada y ha introducido el pecado y la corrupción al mundo, lo que causó el sufrimiento y el desorden. Los gnósticos, sin embargo, atribuían la existencia del mal al dios creador, quien tuvo la intención de establecer un mundo corrupto. Por lo tanto, la persona de Judas y su rol desfavorable en contra de Jesús cuadra perfectamente en el pensamiento gnóstico, que enseña el consentimiento divino a la existencia del mal en el mundo. Esto explica por qué las primeras comunidades cristianas rechazaron estas doctrinas que disienten por completo con la visión cristiana de la creación.

Las agrupaciones gnósticas eran de carácter elitista, cerradas al mundo y sólo dispuestas a adoctrinar a sus iniciados. Se consideraban elegidos y diferentes de cualquier otro tipo de grupo religioso. Esa es la razón principal por la que la literatura gnóstica permaneció secreta y oculta. Resultaría impreciso clasificar a los documentos gnósticos como escritos meramente “cristianos” puesto que el gnosticismo era un movimiento sincretista, es decir que combinaba las creencias de diferentes religiones y escuelas filosóficas tales como el cristianismo, el judaísmo, las religiones romanas y la filosofía griega. El “Evangelio de Judas” pertenece a esta categoría de documentos y tiene un gran valor histórico para aquellos que investigan las creencias gnósticas pero no supone ningún desafío para el cristianismo tal como lo enseña la Iglesia.
Toda la información publicada indica que el Evangelio de Judas contiene una doctrina de carácter gnóstico. Efectivamente, Judas es el único que sabe y conoce. Por ello, es él quien recibe de Cristo la orden de “tú sacrificarás el cuerpo en que vivo”. Efectivamente, este texto gnóstico muestra un Jesús que está lejos de ser un verdadero hombre, sino que más bien se reviste de un cuerpo humano del cual Judas habrá de liberarlo. Además, Judas sabe que toda la humanidad lo rechazará para siempre, a excepción de los gnósticos que lo conocen y saben el contenido de su evangelio.

Sin duda, el Evangelio de Judas presenta una interpretación muy diferente de Jesús. Una interpretación que el evento mediático de hoy intenta llamar “auténtica”. Sobre todo el documental televisado y que ya se vende en DVD, se vale de la polisemia de la palabra “auténtico” para confundir más y más al espectador. ¿Qué significado tiene decir que el manuscrito sea auténtico? ¿Es que acaso se insinúa que fue Judas quien lo escribió? ¿O que el relato acerca de quien es Jesús es auténtico? ¿O simplemente significa que el manuscrito es auténticamente un escrito gnóstico de la antigüedad, y más precisamente de los siglos III o IV d.C.? los especialistas saben que es este el único grado de autenticidad que se le puede otorgar al manuscrito y que pensar en una autoría auténtica o en un relato auténtico de la persona de Jesucristo o de los apóstoles está muy lejos de ser probable.

Desde hace mucho tiempo que las acusaciones en contra de la Biblia se han ido incrementando. Más aún, desde fines del siglo pasado los textos que ponen en duda algunos aspectos de la persona de Jesucristo también se han multiplicado. Sin embargo, la Biblia permanecerá siempre inmutable frente a estos desafíos puesto que su mensaje es consistente y coherente en todos sus componentes. El objetivo principal de la Biblia es proclamar el amor divino y las obras que Dios hizo por el hombre a través de Jesucristo y el Espíritu Santo en la Iglesia. Quien haya estudiado científicamente la Biblia sabe muy bien que es imposible considerarla un libro que falte a la verdad o que lleve a la confusión; muy por el contrario, la Biblia es un libro genuino y auténtico que se dirige a toda la humanidad y que llama a contemplar las buenas cosas que Dios puso en el corazón de los hombres y en toda la creación. (c) LA GACETA

 

Bibliografía adicional

El Evangelio Prohibido de Judas en el sitio web del National Geographic Channel: http://www.natgeo.tv/judas/index.html

Rodolphe Kasser et all. (ed.), El Evangelio de Judas. Buenos Aires: National Geographic Society, 2006.

Luis H. Rivas, Los gnósticos y el evangelio de Judas. Buenos Aires: Lumen, 2006.

John Joseph Collins, The Apocalyptic Imagination, Michigan / Cambridge: Eerdmans Publishing, 1982.