Ayuno de la Natividad

Hoy es el inicio del ayuno -15 de noviembre- de la Natividad de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo, siendo la Pequeña Fiesta, considerando la santa y gloriosa pascua de la Resurrección como la Gran Fiesta.

El ayuno de la Natividad trae consigo un espíritu especial de alegría, pues se hace realidad la encarnación del Verbo Dios, así como en la Resurrección se afirma la victoria y la salvación… se palpita esta alegría en el canto de las Katavasías, pues escuchamos a la Iglesia cantarCristo ha nacido, glorificadle; Cristo viene de los cielos, recibidle; Cristo está sobre la tierra, exaltadle; cantad al Señor, toda la tierra; y alabadle con alegría, pueblos, porque Él ha sido glorificado.” Primera Katavasía. Y desde el 15 de noviembre, durante las Divinas Liturgias escuchamos el canto del Kontakión: Hoy, la Virgen viene a la gruta para dar a luz inefablemente al Verbo Eterno. Alégrate pues, al escuchar esto, habitada tierra, y glorifica con los Ángeles y los pastores a Aquél cuya Voluntad es manifestarse como un Niño Nuevo Quien es el Eterno Dios.”

Poco tiempo y el Señor estará presente entre nosotros, un Dios Perfecto y un Hombre Perfecto, y así como el sepulcro no pudo ocultar la hermosura de Su Divinidad, así también el vientre de María no oculto Su Grandeza y el pesebre no se apropió de Su humildad; pues el novio José contempló en el seno materno y en el pesebre al Dios Perfecto y al Hombre Perfecto también, de modo que entendió fácilmente las palabras del Ángel.    

Con alegría cantamos diciendo: Prepárate, Belén, porque Edén ha sido abierto para todos. Y tú, Efratá, alístate, porque el Árbol de la vida ha florecido en la gruta de la Virgen. Pues Su vientre apareció como un paraíso racional en donde está la Planta Divina, que sí comemos de Ella, viviremos y no moriremos como Adán. Cristo nace levantando la imagen que había caído desde antaño.”

 En el ayuno de la Cuaresma nos preparamos individualmente, por medio de la humildad, el arrepentimiento y las lágrimas para ser partícipes de la Pasión Salvífica y para merecer el gozo de la Resurrección. Mientras en el ayuno de la Natividad tratamos de elevar nuestras mentes y preparar nuestros corazones como Moradas para Él que viene, sabiendo que Él es la plenitud de la promesa… y la plenitud de nuestro gozo. Los que preanunciaron la llegada del Salvador, anunciaron a la vez el gozo y la alegría por la salvación de los que estaban antes de la Ley, como lo dice el canto de los maitines del Domingo Anterior a la Natividad: Todas las enseñanzas Mosaicas aclaran la Natividad Divina en la carne de Cristo, a aquellos que predicaron, por la Gracia, estando antes de la ley, porque excedieron la ley con la fe;  por eso, siendo la Natividad la causa de salvación de la corrupción, anticiparon y anunciaron, Señor, Tu Resurrección a las almas encarceladas en el infierno; Gloria a Ti.” Se derrumbó la pared del medio… desapareció la enemistad… comenzó una nueva esperanza y una nueva vida basada en la fe de Aquél que viene.

No podemos apartarnos de la fe y de la promesa, pues Él que nace es el mismo que, por nosotros y por causa nuestra, aceptará la pasión para otorgarnos la resurrección, a nosotros los que caímos y esperanzados nos levantamos nuevamente. Vallamos juntos amigados con nuestras esperanzas, parémonos ante el famoso pesebre que se convirtió en un trono querúbico y contemplemos con los ojos del Novio José, para que, con corazones humildes, veamos nacer al Cristo Dios y Redentor.

 

por Rev. Padre Atanasio Salhany