Aspectos de la luz de la resurrección

Domingo 6 de la Pascua – Domingo del ciego (Juan 9, 1-38)

“Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”

La luz de Cristo que se manifestó en la Resurrección ilumina a posteriori toda la vida de Cristo y toda su providencia hacia la humanidad. “Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo”. Esta luz ilumina nuestra realidad en varias perspectivas así como nos lo presenta la curación del ciego de nacimiento.

En una perspectiva personal, la curación le habilitó al ciego a tener una doble visión: la recuperación de la vista natural, y también la habilitación a reconocer al Señor. La ceguera física no había destruido en él la facultad espiritual. Por ello, cuando salió de las tinieblas, recibió del Señor la capacidad de reconocerlo y de confesarlo ante la faz de todos.

Por otra parte, en una perspectiva pedagógica, nos encontramos ante la tragedia de aquellos ciegos que no creen a pesar del hecho indiscutible. En realidad, los fariseos parecieron ser los ciegos verdaderos, por refutar confesar la veracidad del milagro por haberse realizado en día sábado. San Juan agrega que ellos tampoco creyeron. Es una afirmación de que el milagro por sí mismo no conlleva la fe, sino que la fe es que permite percibir lo acontecido por la mano de Dios.

Por ello, en una perspectiva espiritual, la ceguera es símbolo del pecado. Es, ante todo, una obcecación. El pecado forma en nosotros una pantalla que nos separa de Dios; crea en nosotros la incapacidad innata de ver; nos dificultamos, pues, ver nuestra propia realidad, nuestro propio pecado. La ceguera desde el nacimiento significa que no estamos ante una situación provisoria, sino permanente, sin la esperanza de tener un fin a nivel humano. Por otro lado, la experiencia de las tinieblas para quien se convierte y se dirige hacia la luz, es una experiencia necesaria, como si fuera un sedimento por el hecho de que se toma conciencia de la diferencia entre vivir en el abismo del pecado y subir hacia la cumbre de la gracia.

Sin embargo, en una perspectiva misionera, la recepción de esta luz se enfrentó desde los primeros tiempos del Nuevo Testamento a un rechazo y se persiguieron a los testigos. En general, la predicación apostólica a través la historia se encontró con dificultades que varían en naturaleza, intensidad y amplitud. Este milagro predomina la perspectiva religiosa judía como una minusvalía ante la recepción del mensaje evangélico. Se percibe la adversidad y la persecución de parte de los judíos contra quienes dan credibilidad al milagro, como así también el abandono de los padres a su hijo en dar su propio testimonio. Por ello, el ejemplo del ciego es paradigmático a los predicadores y creyentes: tiene conciencia de su propia ceguera, confiesa a Cristo con valentía, defiende la verdad con sabiduría y adora a Cristo como Señor y Dios. Así, se constata cómo la evangelización del mundo se realizó y la luz de la resurrección se difundió por medio de aquellos marginados como el ciego de nacimiento.

Por ello, en una perspectiva eclesial, el Señor espera que nos convirtamos en testigos de la luz. La Iglesia es “la lámpara” puesta sobre “el candelero” del mundo “para que alumbre” a toda la humanidad (Mateo 5, 15). Además, los miembros de la Iglesia son rayos de esta luz, quienes, por su testimonio vivo, muestran y actualizan la veracidad de la resurrección como realidad factible desde esta vida. Si la luz se difundió desde el sepulcro hacia el exterior, así los cristianos deben y están llamados a ser propagadores de esta luz en su entorno. El apostolado es inevitable por la misma palabra del Señor: “Sois la luz del mundo” (Mateo 5, 14).

Estar equivocado acerca de la identidad de Cristo, de su propia fe, o de su propio testimonio tiene su remedio en concurrir al que dio la luz al ciego. La ceguera que nos impide ver, entender y dar testimonio de la resurrección no es incurable, sino que necesita nuestra entrega a la Luz. ¿Acaso san Gregorio Palamás (+1359) no rezaba durante años para que Dios le iluminara? ¡“Cristo resucitó”!

+Metropolita Siluan

 

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci