Santos Mártires San Calínico y Santa Teodota

Calínico, nativo de Cilicia, fue criado desde su infancia en la fe cristiana. Dolido de que muchas personas equivocadas perecerían por toda la eternidad porque adoraban a sus ídolos, él decidió peregrinar a través de las ciudades y aldeas para anunciar a Jesucristo y sus enseñanzas a los paganos, y con la Palabra de Dios convirtió a muchos al cristianismo.

En la ciudad de Ancira de Galacia del santo confesor fue arrestado y llevado a juicio ante un gobernador llamado Sacerdonus, un feroz perseguidor de los cristianos. El gobernador ordenó al santo que ofreciera sacrificios a los ídolos. El santo declaró que él no tenía miedo del martirio, ya que cada creyente en Cristo recibe de él la fuerza ante las pruebas, y a través de la muerte hereda la vida eterna.

Quienes allí estaban golpearon cruelmente al santo con las correas de los bueyes y desgarraron su cuerpo con garfios de hierro, pero San Calínico soportó todo con paciencia y con calma. Esto despertó la furia en Sacerdonus, y ordenó que el santo fuera quemado.

En la ciudad de Gangra, San Calínico con alegría dio gracias al Señor, que le había concedido la corona del martirio. Entró en el fuego ardiente, y entregó su alma a Dios. Sus reliquias, fueron enterradas con reverencia por los creyentes.