Santos Mártires Platón y Romano.

El Santo Mártir Platón, hermano del Santo Mártir Antíoco el médico (16 de julio), nació en la ciudad de Ancira en Galacia. Cuando todavía era un joven salió de su casa predicando la Palabra de Dios a los paganos en todas las ciudades, pese a las persecuciones que enfrentaba en aquellos tiempos, gracias a la belleza de su voz y a su profundo conocimiento de la sabiduría griega.

A causa de su predicación fue arrestado y llevado a juicio en el templo de Zeus ante el gobernador Agripino. En un primer momento, el juez trató de persuadir al santo de alejarse de Cristo mediante la adulación. Le aseguró al joven que estaba a la altura de la inteligencia del mayor de los filósofos, Platón, y que para seguir vivo sólo debía adorar a los dioses paganos. Ante esto San Platón respondió que la sabiduría del gran filósofo no era más que efímera y limitada, mientras que la verdadera sabiduría, eterna e ilimitada comprendía las enseñanzas del Evangelio. El juez prometió darle su bella sobrina como esposa si negaba a Cristo. Luego lo amenazó con la tortura y la muerte si se negaba. San Platón respondió que él ya había elegido una muerte temporal por el bien de la vida eterna. La paciencia del gobernador se agotó y mandó a golpear sin piedad al mártir, y luego enviarlo a la cárcel.

Cuando se llevó a San Platón a la cárcel, se dirigió a la gente encarcelada por la fe, y les pidió que no abandonaran la fe cristiana. Siete días más tarde, volvió a ser llevado a juicio ante Agripino en el templo de Zeus, donde ya tenían los instrumentos de tortura preparados: calderas hirvientes, hierro al rojo vivo y ganchos afilados. El juez le ofreció el mártir esto: o bien ofrecía sacrificios a los dioses paganos, o bien sentía los efectos de estos instrumentos de tortura en su cuerpo. Otra vez el santo se negó rotundamente a adorar a los ídolos, y después de su tortura fue echado en la cárcel durante dieciocho días más sin pan ni agua. Pero al ver que esto no hacía declinar la fe del mártir, le ofrecieron su vida y su libertad si él se limitaba a decir: “Grande es el dios Apolo”. El mártir se negó a negar a Cristo alabando a un ídolo. Por lo tanto, Agripino ordenó que el santo mártir Platón fuera decapitado.