Santo Mártir Nuestro Padre Nikon y sus 199 discípulos

El Monje Mártir Nikon nació en Neapolis (lo que ahora se conoce como Nápoles). Su padre era pagano, y su madre cristiana. Él no fue bautizado en su niñez, pero su madre lo instruía en secreto en los principios del cristianismo. Nikon era todavía pagano cuando llegó a la edad adulta. Sirvió como soldado, y mostró coraje en toda su carrera.

Una vez, Nikon y su compañía militar estaban rodeados de enemigos y en peligro de muerte, y se acordó de los preceptos cristianos de su madre y, haciéndose a sí mismo la señal de la cruz, oró a Dios, prometiendo ser bautizado junto a todos sus compañeros si se salvaban. Lleno de una fuerza inusual, venció a sus enemigos.

Se las arregló para regresar a su hogar, dando gracias a Dios por preservar su vida. Con la bendición de su madre, salió en búsqueda de un sacerdote. Esto no era cosa fácil en tiempos de persecución. San Nikon tomó un barco a la isla de Chios. Subió a un monte alto y pasó ocho días de ayuno y oración, rogando al Señor que le ayudase.

Un ángel de Dios se le apareció a San Nikon en sueños y le mostró el camino. Nikon fue al Monte Ganos, donde estaban escondidos muchos monjes, entre ellos Teodosio el obispo de Cícico. De él recibió tanto el misterio del Bautismo como la tonsura monástica.

Después de vivir en la montaña tres años, un ángel le reveló al obispo que San Nikon debía ser consagrado obispo, y debía trasladarse a la provincia de Sicilia con todos los monjes. El Obispo Teodosio obedeció al ángel, y después de haber confiado sus 190 monjes a San Nikon, murió. Después de que enterrar al obispo Teodosio, San Nikon navegó a Sicilia con los hermanos, y así se salvó de acercarse a los bárbaros.

Por la gracia de Dios, San Nikon vino a su ciudad natal de Neapolis. Encontró a su madre aún viva, y permaneció con ella durante el último día de su vida. Su madre, al verlo, se llenó con lágrimas de alegría y lo besó. Postrándose al suelo dijo: “Te doy gracias a ti, Señor, porque me has permitido ver a mi hijo monje y obispo. Ahora, mi Señor, escucha a tu sierva, y recibe mi alma”. Cuando terminó la oración, la mujer encomendó su alma a Dios. Los presentes glorificaron a Dios y la enterraron cantando salmos a Dios.

Los rumores de la llegada de San Nikon se propagaron a través de la ciudad, y diez soldados, sus antiguos compañeros, fueron a verlo. Después de conversar con el santo, creyeron y fueron bautizados, y lo acompañaron a Sicilia. Habiendo llegado a la isla, San Nikon se instaló con los monjes en una zona desolada, llamada Gigia, cerca del río Asinum.

Pasaron muchos años, y comenzó otra persecución contra los cristianos. Quintiliano, gobernador de Sicilia, fue informado de que el obispo Nikon vivía cerca, con muchos monjes.  Todos los 199 monjes fueron capturados y decapitados, pero dejaron con vida a San Nikon para torturarlo.

Lo quemaron con fuego, sin embargo, se mantuvo incólume. Le cortaron la lengua, lo arrojaron en un acantilado, y finalmente lo decapitaron. El cuerpo de Nikon fue dejado en un campo para ser comido por las fieras y las aves.

Un pastor, poseído por un espíritu maligno, fue a ese lugar, y encontró el cuerpo del santo, inmediatamente cayó a tierra sobre su rostro. El espíritu inmundo, vencido por el poder del santo, le había tirado al suelo y salió de él con un fuerte grito: “¡Ay de mí , ay de mí , ¿dónde puedo huir de Nikon?”

El pastor sanado contó esto a la gente. El obispo de la ciudad de Messina también se enteró de esto, entonces él y su clero enterraron los cuerpos de San Nikon y de sus discípulos.