Santo Mártir Cuadrato de Corintio y sus compañeros

Durante una persecución contra los cristianos en el siglo III una mujer piadosa llamada Rufina huyó de Corinto a una montaña para escapar de sus perseguidores. Allí dio a luz a un hijo que llamó Cuadrato, y murió poco después de dar a luz. Por la providencia de Dios el niño permaneció con vida y fue alimentado de manera milagrosa: una nube se posó sobre él, dejando caer el dulce rocío en su boca.

La infancia y la juventud de San Cuadrato fueron en el desierto. Cuando ya fue un hombre conoció a los cristianos que lo iluminaron con la luz de la verdadera fe. Cuadrato estudió gramática, y más tarde aprendió medicina y tuvo gran éxito en esto. Pero, a Cuadrato le gustaba la soledad del desierto y pasaba la mayor parte de su tiempo en las montañas, en oración y meditación. Pasaron muchos años, y sus amigos y seguidores frecuentemente vinieron a visitarlo para escuchar su instrucción. Entre ellos se encontraban Cipriano, Dionisio, Anecto, Pablo, Crescente y muchos otros.

Por orden del impío emperador Decio (249-251), el prefecto militar Jason llegó a Corinto para torturar y matar a los cristianos. Cuadrato era el cristiano mejor preparado y habló en nombre de los demás. El santo valientemente defendió su fe en Cristo, el Salvador, y entonces comenzaron las torturas. Cuadrato, a pesar del sufrimiento inhumano, animaba a los demás, instándoles a no tener miedo y a permanecer firmes en la fe.

Incapaz de convencer a cualquiera de ellos a negar a Cristo, Jason ordenó que los mártires fueran arrojados a las fieras para ser destrozados. Pero los animales no los tocaron. Entonces condenaron a los mártires a ser decapitados. En el lugar de la ejecución los mártires solicitaron un cierto tiempo para orar, y luego uno tras otro pusieron el cuello debajo de la espada.