Santo e Ilustre Apóstol Andrés, llamado el primero

San Andrés es conocido en la Iglesia Ortodoxa como “el primer llamado” por haber sido la primera persona en seguir a Cristo. Poco después trajo también a su hermano Pedro y lo presentó a Cristo. El apóstol era originario de la ciudad de Betsaida como lo dice el Evangelio y desde muy pequeño dedicó su vida a Dios. No contrajo matrimonio y trabajó de pescador junto a su hermano. Cuando San Juan Bautista comenzó a predicar, Andrés se convirtió en su primer discípulo. Fue San Juan Bautista quien lo envió a seguir a Cristo junto al apóstol Juan el Teólogo declarándoles que Cristo era el Cordero de Dios.

Después de la fiesta de Pentecostés, San Andrés comenzó a predicar el Evangelio en el Oriente. Predicó por Asia Menor, Tracia, Macedonia llegando hasta el Río Danubio y las costas del Mar Negro. Desde allí, cuenta la Tradición, llegó predicando el Evangelio hasta donde se encuentra la ciudad de Kiev en Rusia donde predijo que se levantaría una gran ciudad de Dios. Regresando pasó por una pequeña ciudad llamada Bizancio que luego se convertiría en Constantinopla. La Tradición cuenta que allí fundó una pequeña Iglesia, es por eso que se lo recuerda como el Fundador de la Iglesia de Constantinopla.

En sus viajes, el primer apóstol sufrió muchos tormentos de parte de los paganos: muchos de ellos lo expulsaron de sus ciudades golpeándolo. En la ciudad de Sinope fue apedreado pero levantándose el discípulo de cristo continuó su predicación. Por las oraciones del Apóstol, el Señor obró milagros y por sus obras las iglesias cristianas fueron establecidas a medida que Andrés caminaba. La última ciudad a la que llegó el Apóstol fue Patras donde sufrió el Martirio.

El Señor obró muchos milagros por medio de su discípulo en Patras. El más recodado fue el milagro que le sucedió al ilustre ciudadano Sosios quien se recuperó de una fuerte enfermedad. Andrés curó a Maximilla, la esposa del Prefecto de Patras y a su hermano Stratokles. Los milagros obrados por el Apóstol sumados a sus palabras trajeron luz a la mayoría de los habitantes de esta ciudad.

Muy pocos paganos permanecieron allí pero entre estos pocos estaba el Prefecto de la ciudad, Aegeatos. El Apóstol Andrés se dirigió muchas veces a él tratando de llevarle el Evangelio pero ni sus milagros lo convencían. El apóstol, con amor y humildad apeló a  su alma para poder revelarle el misterio cristiano de la Vida Eterna, por medio del poder de la vivificadora Cruz del Señor. Un furioso Aegeatos dio órdenes que fuera crucificado.

Andrés aceptó la decisión del Prefecto con gozo y orando al señor se dirigió al lugar donde habría de ser ejecutado. Para prolongar su sufrimiento, Aegeatos ordenó que no lo clavaran en la Cruz sino que lo ataran en ella. Por dos días el Apóstol enseñó a la ciudad entera que se reunió a su alrededor. El pueblo entero, viendo el sufrimiento de Andrés buscó bajarlo de la Cruz. Conociendo esto, Aegeatos ordenó que se suspendiera la ejecución. Sin embargo San Andrés le pidió al Señor que le concediera la gracia de poder entregar su alma en una cruz. En el mismo momento en que los soldados trataron de bajarlo, San Andrés dijo “Señor, recibe mi espíritu”. Un rayo del cielo iluminó la cruz y al crucificado. Maximilla, la esposa del Prefecto se encargó de bajar su cuerpo de la Cruz y darle una sepultura digna.

Pocos siglos después, bajo el Emperador Constantino el Grande, las reliquias de San Andrés fueron solemnemente trasladadas a Constantinopla y  puestas en la Iglesia de los Santos Apóstoles junto a las reliquias de San Lucas y San Timoteo. Hoy, sus reliquias descansan en la Catedral de San Andrés en la ciudad de Patras, Grecia.