Santa Mártir Juliana de Nicodemia.

La santa virgen mártir Juliana, hija de un ilustre pagano llamado “Africano”, nació en la ciudad de Nicomedia. Siendo niña fue prometida a un tal Eleusios, que en aquel tiempo era uno de los consejeros del Emperador. Santa Juliana había sido bendecida desde niña con un profundo intelecto y una penetrante bondad del alma. En secreto aceptó la fe en Cristo y pidió el santo bautismo dándose cuenta de la falsedad de las enseñanzas paganas.

Cuando el momento de su casamiento se acercaba, Juliana rechazó el matrimonio porque esto implicaba aceptar la fe de un extraño y los dioses que cada familia tenía en aquel tiempo. Su pedido era que la dejaran confesar su fe y entregarse a ella. Su padre le pidió que se casara pero al no obedecerlo comenzó a golpearla. El enojo fue tan grande que ató a su hija en una calle para que aceptara su decisión. Juliana quería solo dedicar su vida a Dios. Su antiguo novio le insistía en que se casaran y que él no la obligaría a dejar su fe. Juliana nunca quiso negar su fe y aceptó el castigo de su padre quien la golpeaba sin detenerse.

Los habitantes de la ciudad comenzaron a  acercarse para ver lo que sucedía y comprobaron que Juliana con cada golpe recibía sanidad nuevamente y veían su coraje en defender su fe en Cristo. Todos ellos creyeron en Cristo aquel mismo día.

Convencido de que no podía hacer nada, Africano pidió que su hija fuera sentenciada a muerte por la fe que confesaba. Ella aceptó la sentencia con gozo y glorificó al Señor por permitirle recibir la corona del martirio. Fue ejecutada un 21 de diciembre de 304.