Nuestro Padre entre los Santos Porfirio, Obispo de Gaza

San Porfirio, el arzobispo de Gaza, nació alrededor del año 346 en Tesalónica. Sus padres eran personas de la nobleza, y esto permitió que San Porfirio recibiera una buena educación. Al sentir la vocación por la vida monástica, dejó su tierra natal a los veinticinco años de edad y se fue a Egipto, donde vivió en el desierto de Nitria, bajo la dirección de San Macario el. Grande (a quien recordamos el 19 de enero). Allí también se reunió con San Jerónimo (15 de junio), que se encontraba de visita por los monasterios de Egipto. Fue a Jerusalén en peregrinación a los lugares santos, y a venerar la Cruz del Señor (14 de septiembre), y luego se mudó a una cueva en el desierto jordano para la oración y las obras ascéticas.

Después de cinco años así, San Porfirio fue aquejado por una enfermedad grave en las piernas. Decidió ir a los lugares santos de Jerusalén para orar por su sanación. Mientras yacía semiinconsciente a los pies del Gólgota, San Porfirio, cayó en una especie de trance. Vio a Jesucristo descendiendo de la cruz que le decía: “Toma esta madera y preservarla”.

Al salir del trance, se encontró sano y libre de dolor. Luego dio todo su dinero a los pobres y para el adorno de las iglesias de Dios. Por un tiempo se sustentó trabajando como zapatero. Las palabras del Salvador se cumplieron cuando el santo cumplió cuarenta y cinco años de edad. El Patriarca de Jerusalén ordenó a San Porfirio al santo sacerdocio y le nombró custodio del madero Venerable de la Cruz del Señor.

En el año 395 el obispo de la ciudad de Gaza (en Palestina) murió. Los cristianos de la zona fueron a Cesarea para pedir al Metropolitano Juan que enviara un nuevo obispo, que fuera capaz de luchar contra los paganos, que eran predominantes en su ciudad y hostigaban a los cristianos. El Señor inspiró al Metropolita para convocar al padre Porfirio. Con temor y temblor el asceta aceptó el cargo de obispo, y con lágrimas se postró ante el madero que había custodiado y se fue a cumplir con su nueva obediencia.

En Gaza sólo había tres iglesias cristianas y había muchos templos e ídolos paganos. Durante ese tiempo había pasado un largo período sin lluvias, causando una grave sequía. Los sacerdotes paganos trajeron ofrendas a sus ídolos, pero los problemas no cesaron. San Porfirio impuso un ayuno para todos los cristianos, al finalizar tuvieron una vigilia de toda la noche, seguida de una procesión alrededor de la iglesia alrededor de la ciudad. Inmediatamente el cielo se cubrió con nubes de tormenta, el trueno retumbó y llovió a cántaros. Al ver este milagro, muchos paganos gritaron: “¡Cristo es ciertamente el único Dios verdadero!”. Como resultado de esto, muchos hombres, mujeres y niños se unieron a la Iglesia por el Bautismo.

San Porfirio confirmó el cristianismo en Gaza hasta el final de su vida, y guardó a su grey de los paganos. El santo arzobispo guió a su rebaño por veinticinco años, y durmió en el Señor en el 420, ya en una edad avanzada.