Nuestro Padre entre los Santos Pablo el confesor, Arzobispo de Constantinopla

San Pablo, el confesor, Arzobispo de Constantinopla, fue elegido para el trono patriarcal después de la muerte del Patriarca Alejandro (+ 340), cuando la herejía arriana había estallado otra vez en aquella ciudad. Muchos de los arrianos estaban presentes en el Consejo, que seleccionaba al nuevo arzobispo de Constantinopla y se rebelaron en contra de su elección. Sin embargo Pablo fue elegido.

El emperador Constancio, gobernador de la mitad oriental del Imperio Romano, era arriano y no estaba en Constantinopla para la elección del Arzobispo, por lo que se llevó a cabo sin su consentimiento. A su regreso, convocó a un sínodo que ilegalmente depuso a San Pablo, y el emperador decidió desterrarlo de la capital. En lugar suyo elevó a Eusebio de Nicomedia. El arzobispo Pablo se retiró a Roma, donde otros obispos ortodoxos también habían llegado expulsados.

Eusebio no gobernó la Iglesia de Constantinopla por mucho tiempo. Cuando murió, San Pablo regresó a Constantinopla, y fue recibido por su rebaño con amor. Sin embargo, Constancio exilió al santo por segunda vez, y así regresó a Roma. El Emperador de Occidente, escribió una dura carta a su co-regente del Este, y envió a Constantinopla junto con el santo a otros exiliados. San Pablo así fue restituido en el trono arzobispal.

Pero lamentablemente el Emperador Constancio fue asesinado a traición en un golpe de estado. Nuevamente fue desterrado de Constantinopla San Pablo, y esta vez lo enviaron al exilio en Armenia, a la ciudad de Cucusus, donde sufrió el martirio.

Cuando el Arzobispo celebraba la Divina Liturgia, los arrianos se abalanzaron sobre él por la fuerza y lo estrangularon con su propio omoforion. Esto ocurrió en el año 350. En el 381, el emperador Teodosio el Grande solemnemente trasladó las reliquias de San Pablo el Confesor de Cucusus a Constantinopla. En 1326, las reliquias de San Pablo fueron trasladadas a Venecia.