Memoria plena en conjunto de los príncipes de las huestes angelicales Miguel, Gabriel y Rafael y todos los poderes celestiales incorpóreos

Los ángeles de Dios han sido conmemorados por la humanidad desde tiempos inmemoriales, pero este recuerdo frecuentemente se degeneró en la divinización de los ángeles (como por ejemplo en II Reyes 23:5). Siempre se tejieron fantasías alrededor de los ángeles, algunos de ellos los consideraban dioses, y otros, si no creían que lo eran, los consideraban ser los creadores de todo el mundo visible. El concilio local de Laodicea, celebrado en el siglo IV, rechazó la adoración de los ángeles como dioses en su Canon XXXV, estableciendo su adecuada veneración. En el mismo siglo IV, en tiempos del Papa Silvestre de Roma y del Patriarca Alejandro de Alejandría, se instituyó la celebración de esta fiesta del Arcángel Miguel y el resto de las potestades celestiales en el mes de noviembre. ¿Pero por qué en noviembre? Porque noviembre es el noveno mes después de marzo, y se cree que el universo fue creado en marzo. El noveno mes después de marzo fue escogido a causa de las nueve órdenes de ángeles, que fueron los primeros seres creados. San Dionisio el Areopagita, discípulo del apóstol Pablo, escribe acerca de estos nueve órdenes en su libro “Las jerarquías celestiales”.

Que los ángeles están constantemente envueltos en este mundo es atestiguado clara y indudablemente en la Santas Escrituras. La Iglesia ortodoxa ha aprendido tanto de las Escrituras como de la Santa Tradición los nombres de los siete líderes de los Poderes celestiales: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Salatiel, Jegudiel, Baraquiel (y a estos se añade algunas veces un octavo, Jeremiel). “Miguel” en hebreo quiere decir “¿Quién como Dios?”. San Miguel era representado en el cristianismo primitivo como un líder llevando una lanza en su mano derecha con la que ataca a Lucifer (Satanás), y llevando en su mano izquierda un ramo de palma. En la parte superior de la lanza hay un galón plisado con una cruz roja. El Arcángel Miguel es especialmente considerado como el guardián de la fe ortodoxa y un guerrero contra la herejía. “Gabriel” quiere decir “varón de Dios” o “poder de Dios”. Es el heraldo de los misterios de Dios, especialmente del misterio de la Encarnación y de todos los que están asociados al mismo. Gabriel es representado con una lámpara ardiente en su mano derecha, y un espejo de jaspe verde en la izquierda. El espejo significa que la sabiduría de Dios es un misterio escondido. “Rafael” quiere decir “sanidad de Dios” o “Dios el sanador” (Tob 3:17; 12:15). Es representado guiando a Tobías con su mano derecha (Tobías, a su vez, llevando un pescado que atrapó en el río Tigris), y llevando una jarra de médico en la izquierda. “Uriel” quiere decir “fuego” o “luz de Dios” (II Esd 4:1; 5:20). Es representado llevado una espada contra los persas en su mano derecha y un hierro ardiente en la izquierda. “Salatiel” quiere decir “uno que ora a Dios” (II Esd 5:16). Es representado con la cabeza inclinada, la vista baja, y sus manos unidas en actitud de oración. “Jegudiel” quiere decir “uno que glorifica a Dios”. Es representado llevando una corona de oro en su mano derecha y un látigo de tres lenguas. “Baraquiel” quiere decir “bendición de Dios”. Es representado con una rosa blanca sobre su pecho. “Jeremiel” quiere decir “exaltación de Dios”. Es venerado como inspirador y despertador de los elevados pensamientos que levantan al hombre hacia Dios.