Los santos mártires Hermilo y Estratónico

Los santos mártires Hermilo y Estratonico, de origen eslavo, vivieron a principios del siglo IV, durante la persecución contra los cristianos que llevó adelante el emperador Licinio (311-324). San Hermilo sirvió como diácono en la ciudad de Sigidon (hoy Belgrado). Condenado a prisión por Licinio, fue larga y cruelmente torturado por su amor a  Cristo, pero manteniéndose inflexible.

Hermilo se burlaba de los dioses paganos, llamándolos ídolos sordos, mudos y ciegos. Licinio pedía más graves tormentos para él, y a su vez le decía que podía evitar todos los tormentos si ofrecía sacrificios a los ídolos.

Tres días después Hermilo fue llevado ante el tribunal de nuevo y le preguntaron si quería evitar más torturas, ofreciendo sacrificios. El santo respondió que iba a ofrecer adoración y sacrificios sólo al Dios verdadero.

Así oró fervientemente para que el Señor le diera fuerzas para soportar los tormentos y pudiera triunfar sobre los paganos. Se oyó una voz diciendo:“Hermilo, serás liberado de los sufrimientos en tres días, y recibirás una gran recompensa”. Los torturadores cayeron al suelo por el miedo, y volvieron a poner al santo en la cárcel.

San Estratonico era uno de los guardias de la prisión y cristiano en secreto. Al ver los tormentos que recibía Hermilo, no pudo evitar llorar y revelar que él también era cristiano. Entonces se le sometió al mismo castigo.

Después de la tortura, los dos mártires fueron puestos en una red y arrojados al Danubio. Al tercer día, los cuerpos de los santos fueron encontrados por los cristianos en la orilla del río y enterrados cerca de Sigidon. Sus cabezas eran veneradas en la Iglesia de Santa Sofía, donde el peregrino ruso “Antonio” las vio en el año 1200.