Los 20.000 Mártires que fueron quemados en Nicomedia

A principios del siglo IV el Emperador Maximiano (284-305) dio la orden de destruir las Iglesias cristianas, quemar los libros sagrados y privar de todo privilegio de ciudadanía a los que confesaran la fe en Cristo. Precisamente en ese tiempo era obispo de Nicomedia San Cirilo, quien por su predicación y vida había contribuido al crecimiento del cristianismo de tal manera que muchos miembros de la corte del Emperador eran cristianos en secreto.

La sacerdotisa pagana de la ciudad se llamaba Domna y vivía en el palacio en aquel tiempo. Providencialmente encontró una copia de los Hechos de los Apóstoles y de las Epístolas de San Pablo y su corazón comenzó a arder con el deseo de conocer más sobre las enseñanzas cristianas. Con la ayuda de una joven, Domna junto con su sirvienta llamada Indes fueron a ver al sucesor de San Cirilo, el Obispo Antimios. San Antimios fue quien las educó en la fe y así recibieron el Bautismo.

Domna y su sirvienta comenzaron a ayudar a los pobres distribuyendo la comida que sobraba del palacio imperial hasta que fueron descubiertas y expulsadas del Palacio. Ambas fueron a vivir a un convento donde la abadesa Agatha las recibió, las vistió con ropas de hombres, les cortó el cabello y las envió fuera del Convento sabiendo que iban a buscarlas.

Durante este tiempo el Emperador regresó de sus batallas y ordenó encontrar a la Sacerdotisa Domna. Los soldados fueron al Convento y al no encontrarla lo destruyeron todo. Inclusive las monjas fueron puestas en cárceles donde sufrieron abusos y muchas de ellas el martirio.

Así, el Emperador hizo reunir a todos en la plaza central para ofrecer sacrificios a los dioses paganos. Cuando comenzaron a arrojar la sangre de los animales sacrificados, los cristianos comenzaron a abandonar la plaza. El Emperador sintió tanta furia en ese momento que prometió vengarse. Así fue a la Iglesia con sus soldados y ordenó que renunciaran a la fe en Cristo si deseaban seguir con vida. Él quemaría la Iglesia con todos ellos adentro si no renunciaban a la fe. Glicerio era el sacerdote y fue quien tomó la palabra: nadie abandonaría la fe en Cristo por ninguna razón. Ese mismo dio Glicerio recibió la corona de los mártires.

Para la fiesta de la Navidad del año 302, cuando más de 20.000 cristianos se habían congregado en la Catedral de Nicomedia, el Emperador se hizo presente con sus soldados en la Iglesia. Allí les dijo que los soldados rodeaban la Iglesia y que cualquiera que quisiera salvarse de la muerte debía ofrecer un sacrificio a un ídolo. Ninguno lo hizo.

Los soldados comenzaron a preparar el fuego mientras el Obispo Anthimus bautizaba a los Catecúmenos y los Sacerdotes daban la comunión a los futuros mártires. Los 20.000 cristianos reunidos en ese lugar dieron esa misma noche sus vidas por Cristo.

Por estas semanas, Domna había estado en una cueva y al saber de esta noticia regresó al lugar de la Iglesia donde lloró amargamente por no haber sido digna de morir junto a ellos. Esa noche se fue al puerto donde unos hombres habían encontrado los cuerpos de tres personas: Indes, Gorgonio y Pedro. Pidió esos cuerpos y los enterró. Por tres días prendió incienso en sus tumbas hasta que llegó a oídos del Emperador quien ordenó el martirio de Domna.

Domna fue ejecutada y recibió la corona de los mártires un 28 de diciembre.