Los 14.000 Santos Inocentes que fueron muertos en Belén por orden de Herodes

El rey Herodes había urgido a los Magos para que le avisaran sobre el paradero del Niño-Rey a quien, guiados por la estrella, habían ido a adorar -alegando que también él quería ir a adorarlo. Se enfureció cuando comprobó que lo habían engañado, y como el temor hacia su rival era tan grande, pues se había manifestado por señales extraordinarias, y le habían ido a rendir culto personalidades extranjeras tan destacadas, decidió hacer matar a criaturas inocentes para librarse del peligro. Ordenó matar entonces a todos los varones nacidos desde la aparición de la estrella a los Magos, y sus soldados asesinaron a todos los menores de dos años en Belén y sus alrededores. La profecía de Jeremías se cumplió entonces en este día de oscuridad para las madres de la tribu de Benjamín: En Ramá - territorio de la tribu de Benjamín- se oyen lamentos, llantos de amargura: es Raquel que llora a sus hijos; ella no quiere ser consolada, porque ya no existen (Jer. 31:15; Mt. 2:18)

Era como si Raquel, cuya tumba está en Belén, se levantase en ese momento para lamentarse con las madres de las víctimas del tirano –primeros frutos y flores de los Mártires que murieron por Cristo y en su lugar. Pero Herodes trató en vano de resistirse a la voluntad de Dios derramando toda esa sangre inocente, pues José había sido advertido de antemano en un sueño que debía tomar al Niño y a su madre y huir a Egipto. 

La masacre de los Santos Niños casi completó la lista de los crímenes de Herodes. Mientras planificaba el asesinato de su hijo Antipas por complotar contra él, Herodes fue atacado por una terrible enfermedad considerada por todos como un castigo de Dios. Sus entrañas y su carne fueron comidas poco a poco por gusanos como si fuese un cadáver viviente, y en este estado partió hacia la condenación eterna. Extendió el terror a su alrededor hasta su último aliento, haciendo torturar a todos los que se le opusiesen, y ejecutando a su hijo Antipas.