Ilustre y amado discípulo virgen Juan, el teólogo, quien reposó en el seno del Señor

El Apóstol y Evangelista Juan, llamado el Teólogo, fue hijo de un pescador de Galilea, Zebedeo y su madre se llamó Solomea. Zebedeo poseía una fortuna considerable, pues tenía obreros, y era también, un prominente miembro de la sociedad hebrea, y tenía tratos con el Sumo Sacerdote. Su madre Solomea es mencionada entre el número de mujeres que servían al Señor, con sus bienes. San Juan, primero, fue discípulo de San Juan el Bautista. Al escuchar su testimonio acerca de Cristo, como “el Cordero de Dios, que carga los pecados del mundo” inmediatamente, junto con Andrés, siguió a Cristo (Jn 1:37-40). Se convierte en discípulo constante del Señor, algo más tarde, después de la pesca milagrosa en el mar de Galilea, cuando el mismo Señor lo llamó con su hermano Santiago. Junto con Pedro y su hermano, fue honrado por una particular cercanía con el Señor, encontrándose con Él en los minutos más solemnes e importantes de Su vida terrenal. Así, fue digno de estar presente durante la resurrección de la hija de Jairo, ver la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor, escuchar el discurso sobre los signos de Su segunda venida, y también ser testigo de Sus plegarias en el Getsemani. En la última cena, estuvo tan cerca del Señor, que, por sus propias palabras, se reclinó sobre el pecho de Jesús. Por modestia, él no menciona su nombre, pero cuando se refiere a sí mismo, en el Evangelio, se denomina como “el discípulo amado”. Este amor del Señor hacia él se mostró también cuando, Jesús estando en la cruz, le encomendó a Su Purísima Madre, diciéndole “He ahí tú Madre”.

Después de la Ascensión del Señor, a menudo vemos juntos, a San Juan y al Apóstol Pedro. Fiel al legado del Señor, el se ocupó de la Santísima Madre de Dios, como el hijo más abnegado, y comenzó a profetizar en otras ciudades, solo después de Su bienaventurada dormición. Fue materia de su preocupación constante las siete iglesias de Asia Menor — Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Él vivía en la ciudad de Efeso. Durante el reinado del emperador Domiciano, (81-96) San Juan fue exiliado a la isla de Patmos. Aquí escribió “el Apocalipsis” o la Revelación. Después de la muerte de Domiciano, el Apóstol Juan volvió del destierro a Éfeso.

Además del Evangelio, y del Apocalipsis, San Juan escribió, las “enseñanzas del amor”, en sus tres epístolas sobre los dos principales mandamientos de la ley de Dios — del amor a Dios y del amor al prójimo, las cuales entraron en el grupo de los libros del Nuevo Testamento, como cartas “católicas” (es decir como narraciones universales). Su pensamiento principal en los relatos fue que los cristianos deben aprender a amar. “Amémonos los unos a los otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios, quien no ama no ha conocido a Dios” (I Jn 4:7-8).

San Juan el Teólogo falleció de muerte natural (el único de los Apóstoles), a los 105 años de edad.