Grande y Santa Mártir célebre Eufemia

Durante el Cuarto Santo Concilio Ecuménico, convocado por el devoto emperador Marciano y la emperatriz Pulqueria en Calcedonia, en la gran basílica de Santa Eufemia, seiscientos treinta padres se comprometieron a refutar las opiniones heréticas del Archimandrita Eutiques, que eran apoyadas por Dióscoro, Arzobispo de Alejandría. 

Para resolver las diferencias por una decisión proveniente de Dios, el santo Patriarca Anatolio sugirió que cada uno de los bandos hiciese un escrito expresando claramente sus respectivas profesiones de fe, y que ambos documentos fuesen puestos en el relicario que contenía el cuerpo de Santa Eufemia. Los dos rollos, en los que fueron escritas las definiciones de la fe sobre la Persona de Cristo, se depositaron sobre el pecho de la Santa, y, después de haber sellado el ataúd, los Padres se pusieron a orar. Después de ocho días, todos fueron al mausoleo, abrieron el relicario, descubrieron con asombro que la Santa tenía agarrado el pergamino ortodoxo en sus manos, presionado contra su corazón, mientras que el de los herejes yacía en a pies. Ante esta increíble demostración de la verdad, los ortodoxos dieron gracias a Dios, y los herejes, abucheados por la multitud, quedaron avergonzados. 

Muchos otros milagros fueron realizados por Santa Eufemia. Durante la invasión persa, los bárbaros, habiendo atacado Calcedonia, intentaron destruir las preciosas reliquias quemándolas. Pero permanecieron intactas, y comenzó a fluir sangre fresca por uno de los orificios que habían hecho los persas en el relicario. Este milagro se repite cada cierto tiempo, obrando muchas curaciones sobre los fieles que acuden a recoger la sangre de Santa Eufemia. Sin embargo, con mayor frecuencia aún, su tumba exhalaba un delicado perfume, lo que demuestra la gracia adquirida por la Santa ante Dios.

Para proteger las preciosísimas reliquias de la profanación, fueron trasladadas a Constantinopla, donde fueron colocadas en la Iglesia de Santa Eufemia cerca del Hipódromo. Arrojadas al mar durante la persecución de Constantino Coprónimo, la iglesia se convirtió en un depósito de armamentos, las reliquias llegaron a tierra en la costa de Lemnos y fueron encontradas por pescadores. Descubiertas durante el reinado de la emperatriz Irene, fueron solemnemente trasladadas a la capital (796), donde continuaron obrando milagros. Después de haber sido objeto de muchas otras vicisitudes, hoy son veneradas en la Iglesia del Patriarcado Ecuménico en Fanar.