Conmemoración del profeta, precursor y Bautista, San Juan

El segundo día después de la fiesta de Epifanía es llamado la Sinaxis de San Juan profeta, precursor y bautista del Señor. Este es un día de celebración litúrgica en honor de aquel que preparó el camino al Mesías y lo bautizó en el río Jordán. De acuerdo al mismo Jesús no existe hombre más grande que Juan el Bautista.

 

Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” El confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”. Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?” El dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el profeta?” Respondió: “No”. Entonces le dijeron: “¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?” Dijo él: “Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. (Jn 1:19-23)

 

Y a sus discípulos, que serían los discípulos de Jesús, Juan explica lo siguiente.

 

Vosotros mismos me sois testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él”. El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya. (Jn 3:28-30)

 

Jesús es el divino novio. La Iglesia es la novia. Juan el Bautista es el testigo de este casamiento, el “amigo” que se regocija en el gozo del novio. Toda su vida y su servicio fue por la causa de Cristo cuyo camino él preparó. Fue fiel a Él hasta su muerte, pese a que hasta ese momento no había recibido la respuesta  que le hubiera robado la gloria de su libre y voluntario testimonio de la Verdad por la cual nació y murió.

El Señor mismo dijo que “no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista”. Y en el Evangelio de San Lucas, “Les digo que, entre los nacidos de mujer ninguno es más grande que Juan” (Lc 7:28).

Juan el Bautista es el más grande. La razón de su violenta dedicación a Jesús fue la expresión de su violenta dedicación a la verdad y la justicia de Dios. La pureza de Juan, su rectitud intransigente es la causa de su grandeza. No hay más nada que esto. Él no fue uno de los apóstoles. Él no vio la resurrección. No hizo milagros mientras estuvo vivo. No escribió ningún libro. No fue lo que uno llamaría un místico. Pero fue un asceta y un profeta. El vivió solo por Dios y dio testimonio de los mandamientos del Señor hasta su último suspiro, la iglesia lo alaba por esto y especialmente lo glorifica no solo en su concepción, natividad y decapitación sino también en la fiesta que se lleva a cabo el día después del bautismo del Señor.

La memoria del Justo es digna de alabanza, pero a ti, Precursor, te es suficiente el testimonio del Señor, pues te revelaste como el más grande de los profetas, porque te fue concedido bautizar en las aguas del Jordán a Aquel a quien proclamabas. Habiendo luchado con regocijo por la verdad, anunciaste también a los que estaban en el infierno a Dios manifestado en la carne, el que quita los pecados del mundo y nos concede gran misericordia.

R.P. Thomas Hopko